LOS DESAFÍOS DE UNA NUEVA DÉCADA
A finales de febrero, la Cámara de Comercio de España y el Consejo General de Economistas publicaron un informe clave que analiza la evolución económica, social, empresarial e institucional de España entre 2014 y 2024. Se trata de un estudio con una calidad tal, que invito a su lectura como un excelente ejercicio de reflexión sobre los cambios que ha experimentado nuestro país y que, seguramente, marcarán la base para entender los desafíos que enfrentaremos en el próximo periodo 2025-2035.
En los últimos diez años, España ha pasado por un etapa de intensos cambios. Entre algunos de los hitos, cabe destacar la proclamación de Felipe VI en 2014, lo que consolidó la monarquía parlamentaria en un momento de especial fragilidad. Tres años después, en 2017, España vivió una de sus mayores crisis políticas recientes con el referéndum unilateral de independencia en Cataluña y la aplicación del artículo 155 de la Constitución, lo que generó inestabilidad y tuvo su impacto económico, con la salida de más de 3.200 compañías de Cataluña a otros puntos de España. En 2018, otro hito político agitó el panorama nacional con la moción de censura a Mariano Rajoy que llevó a Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno, configurando una nueva etapa en la política española caracterizada por coaliciones y acuerdos multipartidistas. A nivel medioambiental, los desastres naturales también han jugado un papel determinante: la erupción del volcán de La Palma en 2021 o la reciente DANA en Valencia en octubre de 2024 han puesto a prueba la resiliencia del país ante fenómenos meteorológicos extremos. El escenario internacional no ha sido menos convulso. Hitos como los cambios de gobierno Trump-Biden; el Brexit de 2016 o la invasión rusa sobre Ucrania han reconfigurado el equilibrio global, si bien el desafío más duro fue la pandemia de COVID-19, la cual transformó profundamente la economía y el tejido empresarial, generando una crisis sin precedentes.
Con el inicio de esta nueva década, España afronta nuevos desafíos que, aunque no todos pueden predecirse, ya ha comenzado a definir la agenda política, económica y social del país. Varios de estos retos requieren soluciones inmediatas, pues se vienen arrastrando del pasado y merecen ser tratados con un enfoque estructural y estratégico.
Así, uno de los problemas más urgentes es el paro juvenil, el cual se sitúa en cifras superiores al 25%, posicionándose como uno de los más altos de Europa. Es imprescindible reforzar la formación conectada con las necesidades empresariales, fomentar el emprendimiento desde edades tempranas y crear incentivos para la contratación de jóvenes.
Unido a ello, la crisis demográfica también representa un gran desafío. Se estima que, en 2035, uno de cada tres ciudadanos en España tendrá 65 años o más, con las consecuencias evidentes sobre el sistema de pensiones y el mercado laboral. En este contexto, es imprescindible facilitar la integración de talento extranjero impulsado su formación alineado a las necesidades del tejido empresarial. Apostar por políticas de inclusión laboral que maximicen el aprovechamiento del talento, venga este de donde venga, será clave para mantener la competitividad económica del país.
En paralelo, la presión fiscal sigue siendo un obstáculo para el crecimiento empresarial. España tiene una de las cargas fiscales más elevadas en comparación con otras economías europeas, lo que dificulta la competitividad, especialmente de las pymes. Un sistema más equilibrado debería garantizar la financiación de los servicios públicos y evitar que los impuestos supongan una barrera para la inversión.
Otro reto estratégico es la diversificación de nuestro modelo productivo, apostando por la innovación, la reindustrialización y por sectores emergentes como la biotecnología o la IA. Además, resulta necesario reducir nuestra dependencia energética, fortaleciendo las energías renovables y aprovechando más y mejor el potencial solar y eólico de España.
En este sentido, la digitalización y la IA están transformando el mercado laboral en dos sentidos. En primer lugar, la digitalización permite a los profesionales trabajar sin restricciones geográficas, lo que podría influir en la capacidad de España para atraer y retener talento en un mercado cada vez más globalizado. En segundo lugar, aunque la integración de la IA en el tejido empresarial promete importantes mejoras en productividad y eficiencia, también es necesario garantizar un uso ético y transparente de estas tecnologías.
Ni son todos los que están, ni están todos los que son, pero qué duda cabe que los retos de la nueva década exigen visión y capacidad de adaptación y España tiene la oportunidad de consolidarse como un país más competitivo e innovador. Pero para lograrlo, es necesario aprender de la década que dejamos atrás para afrontar con más fortaleza los desafíos del futuro y convertirlos en oportunidades para el crecimiento y la estabilidad del país.
Víctor A. Caramanzana
Presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Servicio de Valladolid
19/03/2025